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reflexión sobre las comunidades indígenas en México.


Durante esta pandemia nos sorprendió el racismo que se vive en Estados Unidos, sin embargo, en nuestro país se presenta un fenómeno similar con los grupos indígenas, si bien en ocasiones los denigramos o excluimos, debemos considerarlos como base de nuestros orígenes, son pioneros de nuestra historia, gracias a ellos contamos con gran diversidad cultural.



De acuerdo con la ONU, la población indígena mundial se compone de más de 370 millones de personas, es decir, contamos con más de 5,000 grupos étnicos en el mundo.



En ese sentido, a pesar de que solo representan el 5% de la población mundial, su aportación a la cultura global es incalculable.



Por otro lado, en México contamos con más de 60 grupos indígenas, algunos de ellos con bastantes integrantes y otros que viven en regiones muy amplias del país; por ejemplo, los nahuas, se componen de más de dos millones de personas, habitan en varias entidades federativas, desde Durango hasta Chiapas.


En otro orden de ideas, a lo largo de los siglos, los diferentes pueblos indígenas han aprendido a vivir en los ecosistemas más complejos de la república; tal es el caso de los pueblos del desierto, como los pai pai, los kiliwas o los pápagos, quienes tienen importantes conocimientos sobre las distintas especies de cactáceas, lo cual lo aprovechan para sobrevivir y alimentarse cuando falta el agua en sus comunidades.



También, en el Estado de Chihuahua, los tarahumaras presentes en la región serrana han aprendido a correr largas cantidades de kilómetros para acarrear agua de sus presas o para llegar a sus milpas lejanas, demostrando una excelente condición física.


Estos casos nos permiten advertir la importancia de las etnias indígenas, pues cada una de ellas aporta tradiciones, costumbres, lenguas, formas de vestir, comer o pensar de forma única. Son parte del mosaico sociocultural que nos brinda identidad. Sin la parte indígena que se encuentra en nuestra genética, nuestra riqueza cultural sería pobre y limitada.



Además, sus tradiciones son parte de la herencia histórica que nuestros antepasados han dejado plasmado en la sociedad contemporánea, las cuales los grupos indígenas han conservado durante el paso del tiempo, pero que lejos de ser obsoletas continúan recordándonos de donde vinimos y cuales son nuestras raíces.


No obstante, no tenemos que considerarlos como simples recuerdos de nuestro pasado, son parte de nuestro presente. Por ello es fundamental darnos el tiempo de aprender a valorarlos y conocerlos, para así garantizar un mejor futuro para todos.



Finalmente, es lamentable el nivel de rechazo, de discriminación que sufren los grupos indígenas en la actualidad. Deberíamos preguntarnos: ¿ser diferente a la mayoría tiene algo de malo?


En opinión de la suscrita, el tener una forma de vestir, hablar, pensar o vivir distinta a la mayoría es parte de lo que nos distingue como humanos toda vez que cada uno de nosotros es diferente. Los prejuicios erróneos no permiten que los mexicanos seamos justos con los grupos indígenas; por el contrario, todos los días les otorgamos un trato desigual y alejándoles las oportunidades que requieren para mejorar su calidad de vida.



Es importante tomarse el tiempo de meditar que, en ocasiones, de forma indebida consideramos a los indígenas como ignorantes, excluyéndolos de la sociedad.



Al respecto, considero que la ignorancia radica en aquellas personas que se niegan la posibilidad de ampliar su contacto y perspectiva sobre la cosmovisión de los pueblos originarios.


Una de nuestras responsabilidades como sociedad es luchar contra la discriminación de los grupos indígenas. Debemos otorgarles el acceso de forma equitativa a empleos, educación y salud; debemos permitirles acceder de acuerdo con sus costumbres a las estructuras e instituciones que están disponibles para la mayoría de los individuos, pues en eso se traduce la verdadera inclusión de sus pueblos, uno de los grandes desafíos que debemos afrontar como nación.


Seamos respetuosos con sus formas de vestir o hablar; aceptemos sus costumbres y tradiciones; aprendamos a darle el lugar correcto al indigenismo en la cultura mexicana, haciéndolos sentir que son parte de esta.


No perdamos la oportunidad de adentrarnos e interesarnos por un mundo que no es que sea menos que el nuestro, simplemente son diferentes y eso es lo mejor que nos pudo pasar como mexicanos.




Por: Lilia alexandra ruiz batista. .

Licenciada en Derecho.

Perfil en Derechos Humanos.

Labora en el Instituto Federal de Defensoría Pública.





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